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Carta de un ex-trabajador de Tragsatec en Sevilla: Campos de Parsi

viernes, 8 de noviembre de 2013 Dejar un comentario Ir a comentarios

Hola buenos días.
Soy un ex-trabajador de Tragsatec en la sede de Sevilla. Estuve casi cuatro años, desde el 2009 hasta mayo de este año. Cuando me fui, escribí una especie de cuento que le envié sólo a mis compañeros más allegados. Ahora, visto la lucha en la que estáis enfrascados, cómo estáis intentando movilizaros, la manifestación de ayer en Madrid, y todas esas cosas, he pensado que a lo mejor os apetecía leer esto, y si lo veis adecuado, compartirlo con el resto de ex compañeros, ya sea a los de Sevilla, los de Andalucía o en general en España. Está “ambientada” en la sede de Sevilla.

En fin, no se si es una tontería, pero es mi forma de expresar, aunque no siga allí, que así las cosas no pueden seguir, y que es imprescindible que los trabajadores no se queden indiferentes, que no miren para otro lado ante las movilizaciones que se proponen para cambiar las cosas, que actúen, y que actúen todos, sin excusas.

Un saludo, y suerte


CAMPOS DE PARSI
Campos de Parsi, frente a Tragsa. Dos ejércitos frente a frente. A un lado, unos cuantos mindunguis, no se cuantos habrá, quizás cien o doscientos, algunos subidos en tractores, otros en los Rav4 y Freelander, acelerando el motor, amenazantes, hay uno que está subido en el carrito ese antiguo que hay abajo aparcado. Todos armados con algo, un cubilete, grapadoras, bolígrafos, algún teléfono fijo, una regla cazamosquitos, cd´s, dvd´s, hasta un disco duro, todo el material de oficina posible de cargar y arrojar a los malos. Las caras de todos son de rabia, de furia, de miedo, el ejército que tienen en frente es potente, no, potentísimos. Se hacen denominar Poderes Establecidos, están al otro lado, van de chaqueta y corbata, lo que a priori parecería que es un mal material para la guerra, pero que va, se desenvuelven divinamente, son la hostia de fuertes, en los últimos años se han llevado por delante a miles de mindunguis, los primeras líneas, los segundas, los terceras, y así sucesivamente, no paran de avisar, caeréis todos, caeréis todos, hagáis lo que hagáis caeréis.

Los Mindunguis están hartos, se les nota en sus rostros, cansados, se ven como hormigas que se han dado cuenta que su papel en el hormiguero no tiene ninguna importancia, se han dado cuenta que son prescindibles, que los Poderes Establecidos, de un plumazo, pueden reventar a cualquiera, y aquí paz (su paz) y después gloria (su gloria). Eso provoca desesperanza a veces en las filas mindunguis, bajar los hombros, desistir, la tropa tiene altibajos. Pero hay uno de esos mindunguis que ha dado un paso más al frente que el resto, si, está ahí como liderándolos. Bueno, realmente parece que le han empujado ahí delante, como cuando en los corritos de bailar, el gracioso de turno empuja al que tiene al lado para que salga a bailar, y el pardillo tiene que hacer obligatoriamente lo que le está pidiendo el corro, finalmente tiene que bailar, aunque ni sepa ni quiera. Pues así parece que se siente ese chaval que está al frente, mira a un lado y a otro, se pregunta “joder, ¿quién ha sido el cabrón?”, ve cómo la gente le dice “illo, ta tocao”, “cachis”, se va dando cuenta de su papel, es el conocido como el Nuevo, se va dando cuenta de su momento, coge aire, respira hondo, echa un último vistazo atrás, resopla y agarra con fuerza su grapadora, en la otra mano tiene unos possit, ha llegado el momento de enfrentarse a los Poderes, en el fondo lo estaba deseando, grita en alto, dirigiéndose a ellos “¡¿es esto el abismo?! ¡¿LO ES?!” empieza a respirar más fuerte, se llena de energía, la gente detrás de ella grita como los espartanos, el se arma de valor, de orgullo, empieza a andar hacia delante, ahora más rápido, y más rápido, de repente se acuerda de algo y pega un frenazo. Le queda algo por decir, vuelve para atrás, se acerca a su bando, coge aire de nuevo, levanta su grapadora y grita “Nos pueden quitar la vida, pero no nos quitarán, ¡¡¡LA LIBERTAAAAAAAAADD!!”. Tenía que decirlo, piensa él, y ya está lleno hasta los topes de energía, se da de nuevo la vuelta, grita fuerte un ¡AAAAAAH! sostenido mientras corre hacia los malos, los va viendo más cerca, se acuerda de los que ya cayeron, los que ya pasaron por esto, que fueron muchos, piensa “¡por ellos!”, va tirando grapazos a los chaquetitas como si de Legolas y su arco se tratase, pone poss it con la frase “soy un farsante” en las frentes de poderosos, que miran y se miran por encima del hombro, como oliendo peste. Lo van rodeando entre todos, se ha cargado a alguno pero son demasiados, lo rodean más cerca, y más cerca, los Poderosos han descuidado al ejército que tenían enfrente y se han cegado con el mindungui, lo rodean más cerca, y de repente el Nuevo grita bien fuerte “¡¡AHORAAAAAAAA!!”. Y el ejército de Mindunguis grita también, a coro, “¡AHORA! ¡A POR ELLOSSSSSS!!, ¡¡¡UEEEEEEE!!” y se dirigen hacia esos que mandan, aún sabiendo que es el abismo, aún sabiendo que tienen las de perder, quizás no hay nada que hacer, pero ¿y si si?, la fuerza de la esperanza los desborda, piensan no podrán con nosotros, no conseguirán hundirnos, no podrán, no podrán, ¡NO PODRÁN!

La cámara aérea se va alejando desde el ejército de Mindunguis, se va alejando hacia arriba, se abre al campo de batalla, se ven los Campos de Parsi medio en llamas, se ve a un extremo el círculo de Poderosos, que ocupado en el Nuevo, no perciben lo que les viene detrás, la furia, el hartazgo, la ilusión de otro mundo posible…

The End

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